lunes, 5 de noviembre de 2007

Soledad

Tal vez estuviera esperando a sus nietos pero la sensación que me dio esta buena señora fue de una soledad absoluta. Paseando por León paré un rato en esta plaza, frente a la casa de los Botines y la observé unos minutos. Parecía de espaldas a la vida, de espaldas a la gente que pasaba o que tomaba café. Soledad en la gran ciudad. O no.


Foto: Emilio A. Pacios

5 comentarios:

El Jeros dijo...

León es una gran ciudad?? Pero Epacios tío!!!

Emilio A. Pacios dijo...

¡Hombre! Más grande que mi casa es. Vale que es más pequeña que Madrid, pero no quería ir a la literalidad. Frente a una sola persona cualquier núcleo urbano se vuelve grande, a veces inhóspito e insoportable. Digo yo...

Francisco Seco dijo...

Emilio, tienes muucha razón. Aparte de que León sea o no grande o pequeña, no hay que irse a una gran urbe para poder ver, padecer o sentir soledad. En cualquier pueblo pequeño, dentro de una familia, en el colegio, en tu lugar de trabajo, etc. La soledad ( que no tus momentos de soledad e intimidad) es algo a lo que yo personalmente le tengo pánico. Un saludo

Miguel Berrocal dijo...

Pero grande comparado con que?... con Madrid???... pero si lo comparamos con Madrid, ... Pero Madrid no es grande si lo comparamos con Nueva York,... joer.. pero grande, grande.. pero con que.. porque si Nueva York, lo comparamos con México DC... es más grande, México, no?... por tanto, León es grande, pero si lo comparamos con el comedor de Emilio es grande, no?
De todos modos, para la soledad no hay espacios, uno puede estar rodeado de millones de personas y puedes sentirte solo. Si no porque cada año se mueren tantos ancianos en soledad en ciudades tan grandes con por ejemplo Madrid, seguro que en el comedor de Emilio y Dios no lo quiera, no se mueren ancianos, y mira que es grande el comedor... pero grande comparado con el mío no lo es, el mío es más grande...

Tinúviel dijo...

Soledad absoluta... pero mi impresión es que se trata de una soledad buscada y autosuficiente. Loneliness vs. solitude, por ponernos pedantes (que el castellano no hace una distinción muy necesaria en estos menesteres, ay).